Los obstáculos

Las distintas formas del ego son los obstáculos

Podemos sintetizar todas las dificultades para estar en la atención a la hora de fotografiar en una sola: la interferencia del ego. Nuestro trabajo debe ir encaminado a apartar el ego para que podamos ver realmente. Es como las nubes que no nos dejan ver brillar el sol.
Quizás el obstáculo más específicamente fotográfico es la ansiedad provocada por la voracidad visual. Cuando estamos dominados por la ansiedad no vemos realmente el mundo que nos rodea que pasa a ser solo un objeto que queremos poseer con nuestra cámara y llevárnoslo a casa. Disparamos muchas fotos pero nos vamos con hambre, insatisfechos con los resultados. Suele pasar cuando el tema nos domina porque nos atrae y nos fascina. Cuando el estímulo es muy intenso, como un paisaje impresionante o una ciudad misteriosa, suele es también novedoso. Hasta las vistas más increíbles pierden su atractivo cuando las vemos cada día. Y es justo en nuestro paisaje cotidiano donde podemos evitar esta actitud devoradora porque es más difícil que nos impresione ya que lo vemos habitualmente. Ahí nuestra atención visual no se quedará enganchada al estímulo y podremos ver con más claridad. De esta manera no dejaremos pasar las vivencias sencillas y verdaderas que no somos capaces de ver si el tema nos ciega.
Otra dificultad habitual, que va unida a la anterior, es el deseo de hacer fotos impactantes que dejen maravillado a quien las vea. Esperamos un gran premio por parte de los demás en forma de alabanza y reconocimiento y eso nos lleva a ponernos una presión que hace que disminuya nuestra capacidad de observación. Cuando hacemos eso nos traicionamos a nosotros mismos porque nos apartamos de la experiencia real que tenemos. En la práctica nos lleva a utilizar puntos de vista raros, filtros especiales o técnicas difíciles que usan los expertos además de toda la variedad de efectos digitales que podemos hacer hoy en día con el software de última generación como el HDR. El resultado son imágenes que “no son de este mundo” con colores saturados o un grado de enfoque sobrehumano que nos acercan más al mundo de los grafistas que al propio de los fotógrafos. Por ese camino no estamos lejos de los primeros pictorialistas que utilizaban técnicas especiales para que las imágenes se parecieran al dibujo o al grabado ya que eso sí que era arte. La causa es nuestro deseo de ser originales y diferentes del resto de los fotógrafos porque no reconocemos que ya lo somos pero no de una manera especial.
Estas distorsiones están sustentadas por un aspecto polar de lo anterior. Hoy en día, todo el mundo hace fotos y, a veces buenas fotos, por lo que devaluamos los valores implícitos en la fotografía. Ver no nos es suficiente. No nos parece un acto realmente creativo, lo que nos lleva a querer mejorarlo posteriormente. No creemos que tenga valor una foto “normal” y eso es el resultado de que no reconocemos que la imagen es la expresión verdadera de nuestro interior. La causa es una baja autoestima alimentada por los deseos de grandeza. Como nunca Me gusta una frase que dice: “Una foto desenfocada es un error; diez fotos desenfocadas, un experimento; cien fotos desenfocadas, un estilo”. Esa mente crítica me llena de prejuicios, de ideas sobre lo que es correcto o no, sobre lo que vale o lo que no vale.
llegamos a cumplir nuestras expectativas seguimos enredados en este círculo vicioso. La manera de romperlo es entregándonos al momento presente.
Esta entrega supone un acto de confianza. Salimos a hacer fotos sin expectativas de conseguir algo. Como decía Minor White: “Qué me deparará el día de hoy?”. Esta actitud es la salida sana de nuestra necesidad de control. No confiamos en el proceso, en que la vida nos regalará algo. Queremos resultados, y creemos que si no hacemos algo no pasará nada. En realidad es por una falsa necesidad de seguridad que nos dan nuestros esquemas mentales conocidos y limitados. No nos arriesgamos a equivocarnos. Lo otro es un salto al vacío, a lo desconocido. Nos da auténtico pavor. Igual descubro algo maravilloso o me encuentro con un aspecto feo de mí mismo. Para actuar así es necesario tener la curiosidad de un niño. Os habéis fijado cómo se pueden quedar fascinados con cualquier pequeña cosa? No creo que se pueda ser fotógrafo sin estar en contacto con esa fascinación por la vida.
Si desarrollamos un poco más el tema de los esquemas mentales veremos que detrás está nuestra mente crítica. Cómo me trato a mi mismo cuando me equivoco?. Acepto que un “error” puede ser un camino a algo nuevo?. Si siempre hago fotos totalmente enfocadas no entrará en mis esquemas las fotos desenfocadas o movidas.

Me gusta una frase que dice: “Una foto desenfocada es un error; diez fotos desenfocadas, un experimento; cien fotos desenfocadas, un estilo”. Esa mente crítica me llena de prejuicios, de ideas sobre lo que es correcto o no, sobre lo que vale o lo que no vale. Cuando miramos fotos hechas por mis alumnos nunca, y recalco mucho la palabra nunca, hacemos crítica valorativa. Nos dedicamos a expresar lo que nos sugiera la imagen en forma de adjetivos. Puede ser una foto amable, tierna, árida, agresiva, etc… pero nunca es buena o mala. En el caso de los fotógrafos esa crítica está muy relacionada con la técnica por lo que nos convertimos en esclavos de ella. A veces la técnica se convierte en una perfecta excusa para no ponernos en acción. “No puedo hacer fotos porque no tengo una Hasselblad”, oí decir a un alumno de una escuela de fotografía. Utiliza lo que sabes y lo que tienes y haz. Hasta con una caja de cartón se pueden hacer fotos, eso sí, no todas las fotos. Has de amoldarte a tu realidad. Todos tenemos limitaciones. Yo no me puedo ir 6 meses a hacer un trabajo fotográfico en un país lejano por eso hago fotos en los alrededores de mi casa.
Observa tus pensamientos y tus emociones y date cuenta de qué te dices para no hacer fotos. Qué obstáculos te pones para evitar hacer algo que seguro que te sienta bien, que alimenta tu ser. Ese es el primer paso para desprogramarte de tus prejuicios. Es ese diálogo interior que está lleno de análisis, evaluación, clasificación y crítica el que te impide ponerte en acción.
Todas estos aspectos son formas de uno más general: la agresión. En el lenguaje fotográfico usamos expresiones agresivas: disparamos la cámara, apuntamos con el objetivo, tomamos (robamos) fotos. Salimos a cazar imágenes como bien muestra la expresión safari fotográfico. Esa es la actitud con la que nos relacionamos con el mundo. Lo tratamos solo como un objeto que queremos poseer y no queremos volver a casa sin haber cazado alguna pieza importante que podamos disecar y colgar de las paredes de nuestro salón para impresionar a las visitas. Esta actitud es a causa de nuestro miedo y de nuestra inseguridad. Cuando un animal tiene miedo se pone agresivo. Entonces nos parapetamos detrás de nuestra cámara, separados del mundo. No se nos ve porque estamos escondidos detrás de un gran teleobjetivo que parece un rifle con mira telescópica. Eso nos da una falsa sensación de protección porque nos sentimos con el poder de mostrar una fea imagen de los demás, cazarlos en un momento en que están ridículos, y ellos no pueden hacerlo con nosotros. Todos sabemos lo que nos cuesta posar para una foto porque nos importa mucho cómo quedaremos en la imagen y queremos proteger nuestra vanidad.
Hemos visto la agresión que cometemos con el exterior pero también nos agredimos a nosotros mismos de diversas maneras. Ese es el origen de nuestro miedo. Llevamos un juez implacable en el interior. No nos perdonamos los errores.
Cuando trabajaba profesionalmente recuerdo lo crítico que era conmigo mismo cuando recogía las diapositivas del laboratorio. Solo veía los pequeños defectos de la imagen y eso hacía que invalidara toda la fotografía. En muy pocas ocasiones me sentía satisfecho del trabajo. Ese nivel de autoexigencia me producía mucho sufrimiento. Quería que mis clientes se quedaran impresionados con mis fotos. Cuando busco eso con mi trabajo creativo me estoy traicionando. Los momentos “especiales” haciendo fotos son un regalo que nos dan, no podemos forzarlos. La gran mayoría de las veces tenemos vivencias sencillas, normales, reales que se traducen en buenas fotografías pero no en maravillosas fotografías.
En ocasiones, después de un momento mágico haciendo fotos queremos volver a revivirlo y creemos que era el tema lo que provocó ese estado. Si eso nos pasó fotografiando un árbol, convertimos a los árboles en nuestro tema buscando que se vuelva a repetir ese momento. El resultado es que tenemos una serie de buenas fotos de árboles con alguna que destaca especialmente pero, en el fondo, nos sentimos frustrados porque no se ha vuelto a repetir esa experiencia.
Lo contrario del amor no es el odio, es el miedo. Cuando sentimos odio, sentimos. Cuando sentimos miedo, nuestro corazón está cerrado y nos sentimos separados y solos. El antídoto contra el miedo es la confianza.
Cuando estamos en la confianza “sabemos” que no necesitamos ser agresivos a la hora de hacer fotos porque la vida nos “regalará” un instante auténtico, algún sencillo descubrimiento visual que puede convertirse en una foto auténtica. En lugar de tener esa actitud agresiva, salimos con nuestra cámara con una actitud receptiva, con curiosidad por la vida, por los pequeños momentos. En su libro “Tao of Photography”, Ph. Gross y S. Shapiro utilizan una clarificadora metáfora para explicar esta diferente actitud. Comparan cómo cazan un tigre y una araña. El tigre acecha a su presa, se acerca sigilosamente y luego ataca. La araña teje su tela y luego espera a ver qué cae en ella. Esta es la actitud receptiva de la que hablamos. No es pasiva ya que ha de tejer la tela, lo que equivale en fotografía al trabajo consciente de estar en la atención.
Qué podemos hacer con los obstáculos?. Primero de todo reconocerlos y para eso se ha de ser muy sincero con uno mismo. Quien crea que a él no le pasa es que se está engañando. Esa es una de las principales características de nuestro ego, que sabe disfrazarse muy bien para que no le veamos. Te dejo una pregunta que puede ayudarte a verlo: Qué me importa más cuando hago fotos el proceso o el resultado?.

Luis Ochandorena