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Gabriele Basílico

“Al “momento decisivo” preferí sustituirlo por una “lentitud de la mirada”, permitiéndome captar todos los detalles, ir al fondo de esa complejidad que el paisaje sabe restituirle al observador minucioso.

© Gabriele Basilico

Me gusta pensar que casi he desaparecido en tanto que fotógrafo, que he sabido olvidarme a mí mismo, sin narcisismo y sin una representación en exceso expresiva, a menudo artificial, para privilegiar en cambio una imagen objetiva hasta la ausencia.

He descubierto que mi nuevo acercamiento me permite, a pesar de su aparente modestia, mostrar una realidad más compleja y más articulada.

© Gabriele Basilico

Contemplación: esta palabra que durante años sólo evocaba sentimentalismo y ausencia de compromiso, significa hoy para mi visión simple y consciente, despojada de toda acrobacia interpretativa. La fotografía deja así a la naturaleza y a la luz el cuidado de expresarse y de representarse a sí mismas”.

Gabriele Basílico

Referencia encontrada en el libro “¿Porqué fotografiar? Escritos de circunstancias 1982-1994. Manolo Laguillo

Walker Evans comenta sus fotos III

“El secreto de la fotografía: la cámara adquiere el carácter y la personalidad del hombre que la utiliza. La mente actúa a través de la máquina”.     Walker Evans

© Walker Evans, Debris, años 1960

“A pesar de que se aleja de la naturaleza, esta imagen de la cuneta tiene algo muy humano. Ella es Baudeleriana. Me gustaría que Baudelaire estuviera vivo para que pudiera verla. El secreto de la fotografía: la cámara adquiere el carácter y la personalidad del hombre que la utiliza. La mente actúa a través de la máquina”.

© Walker Evans, Signs, South Carolina, 1936

“Esto me pareció muy divertido, absurdo, ingenuo e inconsciente; aquí hay mucho más humor que en el Pop Art. La naturaleza infructuosa es un buen ejemplo de pintura primitiva. Encontré este porche en Charleston, Carolina del Sur, creo “.

© Walker Evans, Part of Phillipsburg, New Jersey, 1935

“Es una visión muy estadounidense: su encanto está en la fealdad y la locura de unir arquitecturas de diferentes períodos. Mira el encantador y elegante edificio, abajo, en la parte delantera. Mientras que a la izquierda hay una ridícula casa coronada por un castillo almenado. El primero es honesto, el segundo no; ambos son norteamericanos”.

Del libro “Walker Evans. Le secret de la photographie. Entretien avec Leslie Katz”

Walker Evans comenta sus fotos II

“El secreto de la fotografía: la cámara adquiere el carácter y la personalidad del hombre que la utiliza. La mente actúa a través de la máquina”.     Walker Evans

© Walker Evans, Penny Picture Display, Savannah

“La única razón por la cual esta fotografía es valiosa es porque es instintiva. Es para morirse de risa, muy conmovedor, muy triste y muy humano. Documental, muy real, muy complejo. Todas estas personas habían posado frente a la cámara del estudio local, coloco mi cámara y todas posan para mí de nuevo. Es un hecho extraordinario. Miro eso y pienso en toda esta gente”.

© Walker Evans, Bedroom Dresser, Shrimp Fisherman’s House, 1945

“Esta imagen muestra lo que llamo” arreglo inconsciente “. Es una especie de tema eterno, aunque nunca lo he visto expresado así antes. Una vez más, es algo que he recopilado. Debemos recolectar. Esta es una parte de la anatomía de la vida de una persona. La mayoría de mis imágenes son hallazgos del ojo de la imaginación. Algo causa una resonancia en el ojo insaciable del fotógrafo. Es el tipo de cosa que te emociona cuando lo haces, y te emocionas durante días después de eso. Visité Biloxi. Los pescadores griegos, pescadores de camarones, vivían cerca. Sus casas estaban una junto a la otra. Un amigo me permitió entrar. El artista es recompensado cuando encuentra una cosa semejante. Sabemos que la gente no la ha visto de esa forma, y aquí podemos mostrárselo, decir: “Miren esto conmigo, miren este ejemplo del valor de las imágenes, la alegría instintiva en imágenes que muestra este tocador: “El gran y simple encanto de la imagen se encuentra aquí en medio de los pescadores griegos, que decoran sus hogares con amor y entusiasmo, con un placer obvio y directo”.

Del libro “Walker Evans. Le secret de la photographie. Entretien avec Leslie Katz”

Walker Evans comenta sus fotos I

“El secreto de la fotografía: la cámara adquiere el carácter y la personalidad del hombre que la utiliza. La mente actúa a través de la máquina”.     Walker Evans

© Walker Evans, Corrugated Tin Façade, 1936

“Cuando llegué delante del edificio, casi me atrapó la luz transversal que caía sobre la plancha ondulada plateada. Era tan hermoso en sí mismo que instalé mi cámara, alterado por esta superficie, transportado por el aspecto de esta fachada, por la forma en que la pila de arena se unía a la imagen. La fotografía es una reacción instintiva a un objeto plástico. Supe en un instante que era lo que quería, y que encontré mucho más tarde, al editarlo. Tratamos de encontrar algo, y si no funciona, lo sabremos más tarde. Pero primero lo capturamos en la película, lo atrapamos. Es trascendente, lo sentimos. Aquí es donde se encuentra lo trascendente desaparecido; un momento de suerte, de acción y de casualidad. Está ahí y no podemos prescindir de esa sensación”.

Del libro “Walker Evans. Le secret de la photographie. Entretien avec Leslie Katz”

Momentos de visión

“Un objeto percibido con tanta agudeza tiene que ser por fuerza un símbolo”. K. Clark

© Xavier Solà

Hay momentos de la práctica fotográfica que recibimos un regalo del cielo. Xavier tuvo una de esas experiencias en un viaje a Amsterdam y me permite compartirla con todos. Éste es el texto que me mandó: “Un día fuimos a visitar un pueblo típico holandés que se llama Edam. Después de comer dimos un paseo y me quedé rezagado mientras mi hijo y mi mujer hablaban. Era un paisaje nuevo para mi con canales, casas holandesas, árboles gruesos, verde exhuberante. De improvisto todo lo empecé a ver de una forma diferente, los colores, las formas, las texturas, el espacio, el cielo, el agua, las bicicletas, los suelos, las plantas, los árboles… todo era como nuevo. Y me puse a hacerles fotos. Cuando había hecho unas cuantas me di cuenta de que, antes de disparar la cámara, estaba reconociendo la emoción que sentía y el acto de fotografiar no era más que mantener esa emoción en mi interior y fotografiarla. Así hice fotos de los troncos de los árboles, las ventanas de las casas, el cielo, las lápidas de un cementerio, las plantas, el suelo… Era como un juego, sentir la emoción, retenerla y hacer la fotografía de lo que me estaba emocionando. El resultado no era lo importante para mí sino el reconocimiento de lo que me pasaba. Entonces me dí cuenta de que meditaba mientras fotografiaba. Estaba muy contento, disfrutando de las formas, los colores y la vida que tenía delante”.

© Xavier Solà

El título de esta entrada se corresponde con una conferencia que dió el historiador de arte Kenneth Clark. En ella amplia su significado explicando que “Un título como “Momento de percepción física agudizada” habría sido más explícito. Subrayo la palabra física porque no hablaré de la visión en sentido metafórico (…) Tampoco me interesan lo que llamamos visiones ya que no proceden de la experiencia visual directa. (…) Todos podemos recordar esos instantes en los que el objeto que contemplamos parece desprenderse del flujo habitual de nuestras impresiones para adquirir una claridad, una intensidad y una importancia nuevas a nuestros ojos”.

Con mi agradecimiento a Xavier por compartir

Re-encuadrar

La discusión sobre si es lícito o no cambiar el encuadre después de hacer la fotografía ha sido un tema recurrente entre los fotógrafos a lo largo de la historia.

Re-encuadrar forma parte de las decisiones que se pueden tomar en la etapa del revelado. En esta etapa podemos adoptar básicamente dos caminos. El primero es ser fieles a la experiencia de percepción que hemos tenido. Quiere decir que el resultado fotográfico sea lo más parecido posible al aspecto de la realidad que ha llamado nuestra atención y a las condiciones que se daban en ese momento. El segundo camino busca intervenir en el resultado con el fin de “mejorarlo” o de adaptarlo a las necesidades expresivas del fotógrafo. Estas dos posibilidades reflejan que la decisión se toma en dos momentos diferentes: en la toma o en la edición.

© Luis Ochandorena

En la historia de la fotografía, tenemos ejemplos de las dos actitudes. En el primer caso se encuentra Cartier-Bresson que incluía en sus fotos el margen negro para demostrar que la imagen no se había re-encuadrado posteriormente. Convirtió la fidelidad al encuadre que había decidido en el momento del disparo en una lucha personal ya que, hasta ese momento, los editores de las revistas y periódicos recortaban las fotografías para adaptarlas a los intereses de sus publicaciones. La agencia Magnum, que creó con otros fotógrafos como Robert Capa, fue la primera en exigir por contrato que se respetara el encuadre original.

En el segundo caso tenemos a Walker Evans. Cuando hacía fotos adoptaba generalmente un punto de vista frontal al sujeto pero dejaba para un momento posterior la decisión sobre el encuadre final. El punto de vista que escoge el fotógrafo no se puede variar posteriormente, en cambio, el marco de la imagen siempre se pueden reducir aunque no ampliar. Si no aparece en el negativo no es posible añadirle nada después.

 

Decisiones fotográficas

Son cuatro las decisiones que tomamos cuando hacemos fotografías. Esas decisiones están interrelacionadas entre sí y cada una de ellas influye en las demás aunque de formas diferentes.

La primera es el encuadre, qué dejamos fuera y qué incluimos en la imagen. Es la decisión más importante de todas. Con ella indicamos aquel aspecto del mundo visual que ha llamado nuestra atención y que, al hacer la fotografía, estamos señalando. Tenemos dos maneras de influir en el encuadre: acercarnos o alejarnos del tema o variar la distancia focal de la óptica. En cualquiera de las dos formas lo que hacemos es movernos a lo largo de un eje que va de nuestro ojo o el de la cámara al objeto.

La segunda decisión tiene que ver con el punto de vista y regula la relación que se establece entre los elementos que aparecen en la imagen. Las variaciones que podemos conseguir se producen a través del desplazamiento de nuestro cuerpo básicamente en dos ejes: derecha-izquierda y arriba-abajo. Con estos movimientos decidimos la relación que se establece entre los elementos que están en los diferentes planos. En esta decisión influye el tamaño del tema ya que el movimiento necesario para cambiar esa relación será mayor en un paisaje que en un retrato o un bodegón.

© Luis Ochandorena

La tercera tiene que ver con el plano en el que escogemos enfocar y con la decisión sobre la óptica y el diafragma que vamos a utilizar ya que influyen en la profundidad de campo. Aquellos aspectos de la imagen que estén enfocados atraerán más la atención que las zonas desenfocadas.

La cuarta decisión la tomamos cuando determinamos el instante en el que disparamos la foto. En ella influye si el tema es estático o dinámico y si la luz es natural o no, ya que el sol está en constante movimiento.

Para el fotógrafo todas estas decisiones están supeditadas a la visión que ha tenido. Si es fiel a esa visión no existe lugar para la duda. Eso no quiere decir que tenga que tenerlo claro siempre. En muchas ocasiones se suele producir un acercamiento paulatino hasta llegar a reconocer cuál ha sido la visión. Ese es el trabajo del fotógrafo porque sin ese reconocimiento solo conseguirá dar palos de ciego disparando fotos sin ton ni son o re-encuadrando la imagen posteriormente para intentar hacerla válida.

Vídeos: Una visión contemplativa Historia de la Fotografía I

Charla sobre la Historia de la Fotografía I

Podemos plantear la Historia de la fotografía desde diferentes puntos de vista, como son la evolución de la técnica o las diferentes temáticas. Adoptar una visión contemplativa quiere decir que nos fijamos en los cambios que se han dado en los movimientos fotográficos según se haya dado más importancia a la expresión del fotógrafo o a la fidelidad al tema. En esta charla vemos como se ha dado un movimiento pendular entre estos dos polos a lo largo de la historia según predomine el observador o lo observado. Independientemente del estilo que adopte el fotógrafo, la práctica contemplativa implica ir más allá de los dos polos y trascender esa separación que no es real.

En estos vídeos puedes acceder a la primera parte de la charla.

 

Que los disfrutes.

Un saludo

El realismo, lo real, la realidad. (3 de 3)

Del libro de Ramón Gaya “Obra completa” ed. Pre-textos pgs 631-634

“El realismo -que, claro, no puede escapar a su baja condición de… “ismo”, es decir, que no puede escapar a su entusiasta cerrazón, a su obcecada, y ciega, y hueca idolatría- no puede enamorar, es decir, entontecer a nadie que no sea enamoradizo y tonto ya de antemano, porque enamorarse del “realismo”, y adherirse a él, seguirle los pasos, adoptarlo y querer realizarlo, e incluso implantarlo -por más talento que tenga ese alguien, y por más que se pueda llamar José de Ribera, o bajando mucho de categoría, Caravaggio, o Chardin, o Courvet, o Millet, o Émile Zola- enamorarse así, fanatizarse así, no es más, en definitiva, que tomar gato por liebre”.

@ Ramón Gaya, “Retrato de Isabel”, 1990

“La realidad no puede ser borrada, ignorada o pasada por alto en una obra de arte bien nacida, legítimamente nacida; ni puede ser adulada, exaltada, glorificada; y tampoco… analizada, espiada, estudiada, viviseccionada; la realidad ha de ser… recibida, bien recibida, recibida con limpieza, y después, claro, ha de ser tenida siempre presente, muy presente; ha de ser tenida presente, y, al mismo tiempo… casi como abandonada, abandonada a su presencia, a su hermosísima y humildísima presencia. Eso es todo. Eso es todo, al menos por nuestra parte; por parte suya, de la realidad, ella, al sentirse, diríamos, no ya comprendida (esto, aunque importante, no es indispensable), sino al sentirse vista e… intocada, respetada, dejada intacta en su sitio y en su ser sagrados, es sin duda entonces cuando se aviene a responder, a respondernos, a correspondernos con su hermoso y simple estar; sólo si hemos acertado en nuestra actitud y en nuestra… distancia respecto a ella -que acaso consista en una especie de amoroso despego-, podrá ella quedarse aquí, delante de nosotros, dando la cara, dándose, y, al mismo tiempo, conservándose propia y… virgen, sucesivamente virgen, en todo el esplendor oscuro, enigmático, de su exterioridad”.

El realismo, lo real, la realidad. (2 de 3)

Del libro de Ramón Gaya “Obra completa” ed. Pre-textos pgs 631-634

“La realidad -eso lo sabemos todos, lo sentimos todos- es… sagrada; y es sagrada -no divina- sin duda por ser portadora, encerradora, escondedora de ese Algo tan… evidente; Velázquez -como Cervantes, y acaso como Murillo, y también como Galdós- supo darse cuenta, de una ojeada rápida y entendida, de que la realidad no puede ser esquivada, evitada, saltada, por muy deleznable, provisional o externa que nos parezca, y por muy espirituales, esenciales y profundos que nos supongamos, ya que es precisamente en ella, dentro de ella, donde habita, viva y fija, esa sustancia que, sin embargo, no es en absoluto -como algún día hemos podido creer- sustancia suya propia (la sustancia misma, particular, de la realidad), sino más bien como un… son, el invisible garabato de un son, el son de un Algo que está, sí, dentro de la realidad o detrás de ella, pero sin serla, ni expresarla, ni significarla; un “Algo” que, al ser percibido por nosotros, sabemos enseguida que es más, mucho más que la simple realidad, y también… otra cosa, aunque inseparable de su cuerpo, de su ineludible cuerpo real”.

@ Ramón Gaya, ” Homenaje a Constable, El arco iris”, 1968, Óleo,54×65

“La realidad es, pues, sagrada, no por sí misma, por ser sí misma, sino por lo que esconde -por lo que esconde de divino- ya que la realidad -que no es divina- es sagrada como puede ser sagrada un arca, una caja, una casa, una cueva, una celda. La Divinidad, toda divinidad, parece estar pidiendo, o estar esperando veneración, adoración -aunque no la necesita-, pero lo sagrado ni pide ni espera veneración o adoración alguna; lo sagrado, simplemente, está ahí, no es alguien, sino un lugar, un sitio, un donde, un sitio donde se asiente lo divino. La realidad no es divina, es sagrada; la realidad es el sagrario de la divinidad, el escondite de la divinidad. Por eso la realidad, por un lado, no puede ser esquivada, evitada, saltada, y por otro, no puede ser venerada, adorada; por eso el “realismo” -todo realismo- es siempre tan estúpido, y equivocado, y falso. El realismo, en Arte -como en todo lo demás, es decir, como en Religión, como en Filosofía, como en la Vida misma-, es siempre ilusorio, erróneo, tonto”.