El realismo, lo real, la realidad. (3 de 3)

El realismo, lo real, la realidad. (3 de 3)

© Ramón Gaya, «Retrato de Isabel», 1990

«El realismo -que, claro, no puede escapar a su baja condición de… «ismo», es decir, que no puede escapar a su entusiasta cerrazón, a su obcecada, y ciega, y hueca idolatría- no puede enamorar, es decir, entontecer a nadie que no sea enamoradizo y tonto ya de antemano, porque enamorarse del «realismo», y adherirse a él, seguirle los pasos, adoptarlo y querer realizarlo, e incluso implantarlo -por más talento que tenga ese alguien, y por más que se pueda llamar José de Ribera, o bajando mucho de categoría, Caravaggio, o Chardin, o Courvet, o Millet, o Émile Zola- enamorarse así, fanatizarse así, no es más, en definitiva, que tomar gato por liebre».

«La realidad no puede ser borrada, ignorada o pasada por alto en una obra de arte bien nacida, legítimamente nacida; ni puede ser adulada, exaltada, glorificada; y tampoco… analizada, espiada, estudiada, viviseccionada; la realidad ha de ser… recibida, bien recibida, recibida con limpieza, y después, claro, ha de ser tenida siempre presente, muy presente; ha de ser tenida presente, y, al mismo tiempo… casi como abandonada, abandonada a su presencia, a su hermosísima y humildísima presencia. Eso es todo. Eso es todo, al menos por nuestra parte; por parte suya, de la realidad, ella, al sentirse, diríamos, no ya comprendida (esto, aunque importante, no es indispensable), sino al sentirse vista e… intocada, respetada, dejada intacta en su sitio y en su ser sagrados, es sin duda entonces cuando se aviene a responder, a respondernos, a correspondernos con su hermoso y simple estar; sólo si hemos acertado en nuestra actitud y en nuestra… distancia respecto a ella -que acaso consista en una especie de amoroso despego-, podrá ella quedarse aquí, delante de nosotros, dando la cara, dándose, y, al mismo tiempo, conservándose propia y… virgen, sucesivamente virgen, en todo el esplendor oscuro, enigmático, de su exterioridad».

Del libro de Ramón Gaya «Obra completa» ed. Pre-textos pgs 631-634

 

El realismo, lo real, la realidad. (2 de 3)

El realismo, lo real, la realidad. (2 de 3)

@ Ramón Gaya, » Homenaje a Constable, El arco iris», 1968, Óleo,54×65

«La realidad -eso lo sabemos todos, lo sentimos todos- es… sagrada; y es sagrada -no divina- sin duda por ser portadora, encerradora, escondedora de ese Algo tan… evidente; Velázquez -como Cervantes, y acaso como Murillo, y también como Galdós- supo darse cuenta, de una ojeada rápida y entendida, de que la realidad no puede ser esquivada, evitada, saltada, por muy deleznable, provisional o externa que nos parezca, y por muy espirituales, esenciales y profundos que nos supongamos, ya que es precisamente en ella, dentro de ella, donde habita, viva y fija, esa sustancia que, sin embargo, no es en absoluto -como algún día hemos podido creer- sustancia suya propia (la sustancia misma, particular, de la realidad), sino más bien como un… son, el invisible garabato de un son, el son de un Algo que está, sí, dentro de la realidad o detrás de ella, pero sin serla, ni expresarla, ni significarla; un «Algo» que, al ser percibido por nosotros, sabemos enseguida que es más, mucho más que la simple realidad, y también… otra cosa, aunque inseparable de su cuerpo, de su ineludible cuerpo real».

 «La realidad es, pues, sagrada, no por sí misma, por ser sí misma, sino por lo que esconde -por lo que esconde de divino- ya que la realidad -que no es divina- es sagrada como puede ser sagrada un arca, una caja, una casa, una cueva, una celda. La Divinidad, toda divinidad, parece estar pidiendo, o estar esperando veneración, adoración -aunque no la necesita-, pero lo sagrado ni pide ni espera veneración o adoración alguna; lo sagrado, simplemente, está ahí, no es alguien, sino un lugar, un sitio, un donde, un sitio donde se asiente lo divino. La realidad no es divina, es sagrada; la realidad es el sagrario de la divinidad, el escondite de la divinidad. Por eso la realidad, por un lado, no puede ser esquivada, evitada, saltada, y por otro, no puede ser venerada, adorada; por eso el «realismo» -todo realismo- es siempre tan estúpido, y equivocado, y falso. El realismo, en Arte -como en todo lo demás, es decir, como en Religión, como en Filosofía, como en la Vida misma-, es siempre ilusorio, erróneo, tonto».

Del libro de Ramón Gaya «Obra completa» ed. Pre-textos pgs 631-634

El realismo, lo real, la realidad. (1 de 3)

El realismo, lo real, la realidad. (1 de 3)

 @ Ramón Gaya «El perejil», 1994, Gouache,papel, 36×50

«Eso que nos parece estar escondido, agazapado detrás de la realidad del mundo, más que alma, es un Algo, un «algo» que sólo nos es dado percibir (cuando lo percibimos) como por una especie de transparencia, a través del cuerpo compacto de la realidad. No, no es propiamente el alma, porque a ella, en un cierto modo y hasta cierto punto, la conocemos muy bien y podría decirse que dispone, incluso, de una fisonomía propia bastante determinada; además, el alma no está nunca de antemano, desde un principio, sino que… acude».

«El alma, como un agua viviente, con la puntualidad y fatalidad de un agua viviente, inundadora, acude a llenar esas concavidades que aquí o allá, han quedado dispuestas para recibirla; el alma acude (cuando acude) como un… merecimiento – por eso no podemos salir, desaforadamente, como bárbaros cruzados, en su persecución y conquista, sino esperarla tranquilos, pasivos, limpios, por si ella, por propia, piadosa, armoniosa voluntad, quiere buenamente acudir, venir y aposentarse en nosotros, habitarnos-; el alma acude (cuando acude) en donación, en gracia; no tenemos alma, la alcanzamos (cuando nos es dado alcanzarla), o mejor, nos alcanza (cuando nos alcanza). El alma acude a nosotros (cuando acude) y más raramente aún, acude también a esas obras que , en realidad, de verdad, no son obras sino seres, es decir, esas obras nuestras que ni son obras ni son nuestras. Pero ese Algo, en cambio, ese «algo» animado que nos parece ver, o entrever, o entresentir. detrás mismo de la realidad, no es que acuda, sino que está siempre y desde siempre en ella, escondido y como agazapado en ella».

Del libro de Ramón Gaya «Obra completa» ed. Pre-textos pgs 631-634

Homenaje a Velázquez

Homenaje a Velázquez

@ Homenaje a Velázquez. Ramón Gaya 1996

«Porque la única riqueza del arte consiste en su vacío, en la pureza de su vacío, un vacío, eso sí, que está como habitado, como lleno; un vacío que no significa no ser nada, ser la nada, sino que, precisamente, lo es todo. En esas épocas brillosas, que los insensatos historiadores han dado en suponer esplendentes para el arte, se confunde lo que sólo son combinaciones, manipulaciones complicadas, acaso inventos, con la creación. Pero crear es muy distinto de inventar. Un invento, el más maravilloso, es siempre una construcción muerta, un artefacto que funciona, sí, pero que no vive; y crear es, como se sabe, dar vida. Dios no inventó al hombre, lo creó, y lo creó a imagen y semejanza suya, porque la creación no exige, como la invención, que aquello sea diferente. Puede ser lo mismo, y valer. En realidad, Dios está creando todavía».

«Por eso el gran arte -que es la única forma de creación que puede el hombre- es siempre igual; lo que en tal o cual época nos empeñamos en añadirle, no es sino paja, relleno, mentira, es decir, estilo. Pero el gran arte no tiene estilo. El gran arte no puede tener estilo porque el estilo es un encierro. Y el gran arte no puede estar preso: se muere cuando tropieza con algo que lo quiere contener, detener, fijar, guardar, perennizar. El estilo, la jaula de oro del estilo, sólo sabe encerrar pájaros disecados, es decir, arte quieto, arte decorativo, arte artístico, plumaje solo, belleza sola. Pero lo bello es, sin duda, el muro donde acaba la vida y donde empieza, no la muerte -porque la muerte está viva también-, sino la nada. Sentimos que detrás de la belleza no hay nada, que todo cuanto puede ofrecernos termina en esa como pared que nos presenta siempre; termina en ese tope con que nos sale al paso, dejándonos fuera de ella, puesto que ella, todo lo que es ella, está en lo exterior de sí misma. Creemos que la belleza nos emociona, que nos habla, pero no es verdad; lo que sucede es que nos asusta, nos asusta precisamente su silencio, lo que tiene de silencio final, de final visible.»

Texto de Ramón Gaya. Puedes ver el texto completo en la web ramongaya.blogspot.com

Ramón Gaya III

Ramón Gaya III

© Fundación Ramón Gaya

«La obra exige una soledad lo más absoluta posible».

«Has de saber que ni tu padre, ni tu madre, ni tus hermanos, ni tu mujer quieren que tu hagas esa obra. Ellos creen que sí pero no es cierto. Nadie quiere que tu hagas esa obra que tu quieres hacer. Así que para hacer esa obra tienes que estar completamente solo. No se trata de abandonarlos pero tienes que saberlo».

«Cada vez más, quedarme solo es volver a encontrarme con alguien que quizá siempre me acompaña, pero que únicamente aparece, reaparece, cuando no hay absolutamente nadie».

«No, no es la soledad misma, sino alguien muy verdadero, una compañía real, casi corpórea. Acostumbrado a él, he terminado por quererlo, por valorarlo».

 

Ramón Gaya II

Ramón Gaya II

@ Fundación Ramón Gaya

«Lo que hay que tener es un oido fino, profundo. Es escuchar nada más».

«Lo que me interesa es que de pronto se produce un tema pictórico y ese tema es un tomate rozado por cierta luz. Y en un momento pasa del verde al rojo. Y yo si que veo ese tomate como un fruto, pero lo veo como portador de algo muy milagroso. Es una superficie donde pueden suceder cosas milagrosas, cosas hermosísimas e indecibles, inefables y, entonces, como yo no puedo llamar al vecino y decirle: Venga usted, que aquí está sucediendo un milagro, en el paso de la luz por encima del verde y del rojo, está sucediendo un milagro. Entonces me pongo a pintarlo. No porque yo en el cuadro vaya a rebelar eso, el milagro ese. Yo lo que quisiera hacer el milagro ese como más perdurable. Igualmente inefable, que continuara siendo inefable. No es nada más que eso».

 «Lo que pasa es que la gente tiene prisa y creen que se les ha de regalar. Tienes que hacer un esfuerzo en tu vida para comprender algo. No te regalan nada más que el engaño«.

«Lo que pinto ahora me sigue pareciendo preparación para el día siguiente».

«En lugar de llegar a una maestría, lo que hay que llegar es a un principio«.

«Lo que hace imposible que el público pueda comprender una obra es que la concibe invariablemente como una hazaña de cualquiera, cuando, en realidad, se trata de un milagro, de un milagro de … nadie«.