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Momentos de visión

“Un objeto percibido con tanta agudeza tiene que ser por fuerza un símbolo”. K. Clark

© Xavier Solà

Hay momentos de la práctica fotográfica que recibimos un regalo del cielo. Xavier tuvo una de esas experiencias en un viaje a Amsterdam y me permite compartirla con todos. Éste es el texto que me mandó: “Un día fuimos a visitar un pueblo típico holandés que se llama Edam. Después de comer dimos un paseo y me quedé rezagado mientras mi hijo y mi mujer hablaban. Era un paisaje nuevo para mi con canales, casas holandesas, árboles gruesos, verde exhuberante. De improvisto todo lo empecé a ver de una forma diferente, los colores, las formas, las texturas, el espacio, el cielo, el agua, las bicicletas, los suelos, las plantas, los árboles… todo era como nuevo. Y me puse a hacerles fotos. Cuando había hecho unas cuantas me di cuenta de que, antes de disparar la cámara, estaba reconociendo la emoción que sentía y el acto de fotografiar no era más que mantener esa emoción en mi interior y fotografiarla. Así hice fotos de los troncos de los árboles, las ventanas de las casas, el cielo, las lápidas de un cementerio, las plantas, el suelo… Era como un juego, sentir la emoción, retenerla y hacer la fotografía de lo que me estaba emocionando. El resultado no era lo importante para mí sino el reconocimiento de lo que me pasaba. Entonces me dí cuenta de que meditaba mientras fotografiaba. Estaba muy contento, disfrutando de las formas, los colores y la vida que tenía delante”.

© Xavier Solà

El título de esta entrada se corresponde con una conferencia que dió el historiador de arte Kenneth Clark. En ella amplia su significado explicando que “Un título como “Momento de percepción física agudizada” habría sido más explícito. Subrayo la palabra física porque no hablaré de la visión en sentido metafórico (…) Tampoco me interesan lo que llamamos visiones ya que no proceden de la experiencia visual directa. (…) Todos podemos recordar esos instantes en los que el objeto que contemplamos parece desprenderse del flujo habitual de nuestras impresiones para adquirir una claridad, una intensidad y una importancia nuevas a nuestros ojos”.

Con mi agradecimiento a Xavier por compartir

Re-encuadrar

La discusión sobre si es lícito o no cambiar el encuadre después de hacer la fotografía ha sido un tema recurrente entre los fotógrafos a lo largo de la historia.

Re-encuadrar forma parte de las decisiones que se pueden tomar en la etapa del revelado. En esta etapa podemos adoptar básicamente dos caminos. El primero es ser fieles a la experiencia de percepción que hemos tenido. Quiere decir que el resultado fotográfico sea lo más parecido posible al aspecto de la realidad que ha llamado nuestra atención y a las condiciones que se daban en ese momento. El segundo camino busca intervenir en el resultado con el fin de “mejorarlo” o de adaptarlo a las necesidades expresivas del fotógrafo. Estas dos posibilidades reflejan que la decisión se toma en dos momentos diferentes: en la toma o en la edición.

© Luis Ochandorena

En la historia de la fotografía, tenemos ejemplos de las dos actitudes. En el primer caso se encuentra Cartier-Bresson que incluía en sus fotos el margen negro para demostrar que la imagen no se había re-encuadrado posteriormente. Convirtió la fidelidad al encuadre que había decidido en el momento del disparo en una lucha personal ya que, hasta ese momento, los editores de las revistas y periódicos recortaban las fotografías para adaptarlas a los intereses de sus publicaciones. La agencia Magnum, que creó con otros fotógrafos como Robert Capa, fue la primera en exigir por contrato que se respetara el encuadre original.

En el segundo caso tenemos a Walker Evans. Cuando hacía fotos adoptaba generalmente un punto de vista frontal al sujeto pero dejaba para un momento posterior la decisión sobre el encuadre final. El punto de vista que escoge el fotógrafo no se puede variar posteriormente, en cambio, el marco de la imagen siempre se pueden reducir aunque no ampliar. Si no aparece en el negativo no es posible añadirle nada después.

 

Decisiones fotográficas

Son cuatro las decisiones que tomamos cuando hacemos fotografías. Esas decisiones están interrelacionadas entre sí y cada una de ellas influye en las demás aunque de formas diferentes.

La primera es el encuadre, qué dejamos fuera y qué incluimos en la imagen. Es la decisión más importante de todas. Con ella indicamos aquel aspecto del mundo visual que ha llamado nuestra atención y que, al hacer la fotografía, estamos señalando. Tenemos dos maneras de influir en el encuadre: acercarnos o alejarnos del tema o variar la distancia focal de la óptica. En cualquiera de las dos formas lo que hacemos es movernos a lo largo de un eje que va de nuestro ojo o el de la cámara al objeto.

La segunda decisión tiene que ver con el punto de vista y regula la relación que se establece entre los elementos que aparecen en la imagen. Las variaciones que podemos conseguir se producen a través del desplazamiento de nuestro cuerpo básicamente en dos ejes: derecha-izquierda y arriba-abajo. Con estos movimientos decidimos la relación que se establece entre los elementos que están en los diferentes planos. En esta decisión influye el tamaño del tema ya que el movimiento necesario para cambiar esa relación será mayor en un paisaje que en un retrato o un bodegón.

© Luis Ochandorena

La tercera tiene que ver con el plano en el que escogemos enfocar y con la decisión sobre la óptica y el diafragma que vamos a utilizar ya que influyen en la profundidad de campo. Aquellos aspectos de la imagen que estén enfocados atraerán más la atención que las zonas desenfocadas.

La cuarta decisión la tomamos cuando determinamos el instante en el que disparamos la foto. En ella influye si el tema es estático o dinámico y si la luz es natural o no, ya que el sol está en constante movimiento.

Para el fotógrafo todas estas decisiones están supeditadas a la visión que ha tenido. Si es fiel a esa visión no existe lugar para la duda. Eso no quiere decir que tenga que tenerlo claro siempre. En muchas ocasiones se suele producir un acercamiento paulatino hasta llegar a reconocer cuál ha sido la visión. Ese es el trabajo del fotógrafo porque sin ese reconocimiento solo conseguirá dar palos de ciego disparando fotos sin ton ni son o re-encuadrando la imagen posteriormente para intentar hacerla válida.

Ser un canal

Asociamos esta expresión con algo místico y elevado cuando, en realidad, es algo muy simple. Podemos decir que “ser un canal” es ponerse a disposición de algo más relevante que uno mismo. Por lo tanto, estamos hablando de adquirir cierta actitud que podemos calificar como receptiva. Es una actitud de escucha que no se refiere a un acto pasivo sino a una activa presencia. Para poder acceder a ese estado hemos de apartar todas nuestras expectativas, deseos y criterios sobre el resultado. Es lo mismo que decir “apartar el ego”.

El término “escuchar” lo asociamos más con actividades como la del escritor o el músico. Dicen que Mozart escuchaba sus composiciones directamente en su mente y las transcribía a la partitura sin errores porque estaban completamente terminadas. Pero, podemos “escuchar” con los ojos? y cómo reconocer esa actitud receptiva en la mirada?.

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@Luis Ochandorena

Cuando salimos a hacer fotografías de forma contemplativa, lo primero de todo es ir sin tener en mente ninguna imagen preformada. Es como decir que vamos con la mente en blanco. Esta disposición se asemeja al espacio en el que todo tiene cabida. El siguiente paso es sincronizar el ojo, el corazón y la mente. La forma de conseguirlo es prestar atención a nuestra percepción visual, a los colores, la luz y la forma del mundo sin dejar que otros asuntos interfieran. También conviene encontrar un equilibrio en la acción; ni quedarnos paralizados esperando algo impresionante ni lanzarnos a fotografiarlo todo. Encontrar el justo punto de todo esto requiere cierto tiempo de “precalentamiento” hasta lograr estar en sintonía. Es como abrir el grifo del lavabo y esperar a que salga el agua caliente.

Cuando alcanzas esa condición te encuentras que hay ciertos aspectos del mundo visual que “te piden” que los fotografíes. De alguna forma, cierta conjunción de elementos te llaman la atención, destacando por encima de todo lo demás. Ahí entra en juego la sabiduría del fotógrafo y su experiencia para saber transmitir en una imagen la percepción que ha tenido. Con eso basta. En todo este proceso el fotógrafo “no ha intervenido“. Su trabajo ha sido mantener la cañería lo más libre posible de obstáculos. Se dice que la foto se ha hecho sola; que el árbol, la piedra o el camino se han fotografiado a sí mismos.

Así, cuando llego a casa y veo las fotos, me sorprendo de los resultados y me quedo fascinado por el poder que tiene la fotografía de mostrar la realidad visual con tanta fuerza y detalle. Por mucho que pre-visualice cómo quedará la foto, siempre me sorprendo. A pesar de los muchos años, siempre es una experiencia nueva.

La fotografía es fácil y difícil

Hay ocasiones en que no es necesario escribir aquello que quieres decir porque alguien ya lo ha escrito antes y lo ha hecho de forma impecable. Eso es lo que me pasa con el siguiente texto del fotógrafo Paul Graham.

La fotografía es fácil, la fotografía es difícil.

“Es tan fácil que resulta ridículo. Es tan fácil que ni siquiera soy capaz de empezar… simplemente no sé por dónde empezar. Después de todo, solo consiste en observar cosas. Todo el mundo sabe hacer eso. Básicamente es una forma de retratar lo que ves —apuntar con la cámara y pulsar un botón—. ¿Qué hay de difícil en eso? Y, además, en la era digital es gratis —no hay que pagar ni el precio del carrete—. Es tan sencillo y elemental que resulta irrisorio.
Pero a la vez es tan difícil porque está en todas partes, en todos sitios, en todo momento, incluso ahora mismo. Es la visualización del texto que estás leyendo, es la imagen de tus manos delante de ti, es dejar que tu conciencia se aleje poco a poco de este texto y observe: está justo ahí, al otro lado de la habitación, allí… y allí. Y ya no está. No lo has fotografiado, porque no pensabas que mereciese la pena. Y ya es demasiado tarde, ese momento se ha esfumado. Pero al instante ha llegado otro. Ahora. Porque la vida discurre alrededor de nosotros, a través de nosotros, a toda prisa, en todas direcciones. Pero si está en todas partes y en todo momento, y es tan fácil de hacer, entonces ¿qué valor tiene? ¿Qué fotografías son relevantes? ¿Esa fotografía conseguida con esfuerzo, astuta, controlada, previsualizada? Sí. ¿O las artificiosas, mordaces y muy elaboradas? A veces. ¿Es esa foto improvisada fruto de un capricho? Seguro. ¿O es simplemente una observación afortunada, un momento cualquiera captado por casualidad? Quizá. ¿Es una expresión intuitiva de pura inteligencia? Efectivamente. ¿O la síntesis de años de analizar, observar y pensar en la fotografía? Sin duda.

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@Paul Graham

Bueno, entonces ¿cómo le doy sentido a ese discurrir interminable, a esa confusión que reina en este mundo y este momento en que vivimos? ¿Cómo puedo ver más allá, cómo cruzo ese límite? ¿Camino por la calle y voy retratando a los desconocidos? ¿Hago un guión gráfico con mis amigos? ¿Fotografío solo a mis seres queridos, a mi familia, a mí mismo? ¿O quizá solo debería fotografiar la tierra, las piedras y los árboles? Ellos no se mueven, no se quejan ni se echan atrás. ¿Casas antiguas? ¿Casas nuevas? ¿Me voy a una zona de guerra en la otra punta del mundo o simplemente a la tienda de la esquina, o no salgo siquiera de la habitación?
Y me gustaría pensar que persistiré y seguiré avanzando, desarrollándolo porque merece la pena. Persistiré porque es más importante que otras cosas que no parecen serlo tanto: el aspecto económico, el trabajo editorial o las sesiones fotográficas de moda. Y entonces llegará el día en que esa foto sea lo suficientemente perfecta para pensar que está terminada. Creada. Concebida. Hecha. Y ha cumplido su objetivo: una aportación, y todo ese esfuerzo, esa frustración, ese tiempo y ese dinero quedarán atrás. Ha merecido la pena, porque es algo auténtico, que no existía antes de que tú lo crearas: una sentida obra de arte, una obra de fuerza y sensibilidad, que habla de este mundo y del lugar que ocupan los seres humanos dentro de él. ¿No es una maravilla?”.

Texto de Paul Graham para el Libro de Graduación del Máster de Fotografía en la Universidad de Yale.

(del blog “Otra forma de mirar” en antonioperezrio.worpress.com)

Etapas creativas

El proceso creativo podemos dividirlo en dos etapas. La primera se corresponde con el momento de la realización. En esta etapa, nuestro trabajo consiste en lograr una cierta actitud de entrega. En ese momento hemos de dejar a un lado el pensamiento ya que éste nos lleva a valorar, enjuiciar y criticar lo que estamos haciendo y eso bloquea nuestra creatividad. La actitud correcta está más relacionada con la curiosidad, el juego y el disfrute. Así no estamos preocupados por el resultado sino por el propio acto creativo. La segunda etapa es la que miramos lo que hemos hecho con ojos críticos. Seleccionamos, valoramos y criticamos el resultado para pulirlo. Aquí la dificultad reside en poder ver nuestro trabajo con claridad ya que es difícil tener una mirada objetiva sobre nuestra obra. En ese momento la parte más dura es la de desechar lo que no tiene la fuerza suficiente para que quede la esencia.
Aquí os incluyo un fragmento de la película “Descubriendo a Forrester” donde un escritor reconocido transmite a su discípulo esta actitud con su ejemplo. Os remarco la consigna que le da de que no piense sino que ponga el corazón.

https://www.youtube.com/watch?v=KHUPgEXiYtg

7 consejos para el aprendizaje de la fotografía digital

Incorpora en tu uso de la fotografía digital la sabiduría de la fotografía analógica.

No soy un fanático de la fotografía analógica pero reconozco que las personas que aprendieron fotografía a la manera clásica tienen un bagaje que les falta a los que no tuvieron esa experiencia. Poder disparar sin límites no garantiza que los resultados sean mejores, todo lo contrario. Confiar en que alguna de las muchas fotos que he hecho sobre el mismo tema sea buena es asegurarnos el fracaso. Creer que lo que no he hecho bien en el momento del disparo ya lo arreglaré en el ordenador es también garantizarnos la frustración. La facilidad engañosa y el bajo coste de la fotografía digital se convierte en una trampa para el fotógrafo creativo.

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Ansel Adams en el Parque de Yosemite haciendo fotografías con una cámara de placas de 20×25 cm. La roca El Capitán que él inmortalizó a la derecha.

Ansel Adams recomendaba que la enseñanza de la fotografía se hiciera con cámara de placas. Eso suponía trabajar con un trípode, ver la imagen invertida en el cristal esmerilado, enfocar con la lupa, medir la luz con el fotómetro de mano, colocar el diafragma y la velocidad manualmente en la óptica, cerrarla, colocar el portaplacas en el respaldo, sacar la protección y disparar con el cable, volver a colocar la protección y retirar el portaplacas. Varios de estos pasos se hacían con un trapo negro con el que te cubrías la cabeza y que posibilitaba que los reflejos no te impidieran ver bien la imagen. Luego en el laboratorio de casa revelabas el negativo uno por uno. Preparabas los líquidos de revelado (revelador, baño de paro y fijador) con la temperatura y la disolución adecuadas. A oscuras, metías la placa en el tanque de revelado y empezabas el proceso que podía durar cerca de veinte minutos. Acababas con el lavado y secado en condiciones de ausencia total de polvo. Pero todavía no podías ver la imagen. Aún quedaba hacer una copia por contacto para saber si valía la pena que le dedicaras, en muchos casos, toda una tarde para lograr una copia 40×50 de calidad. Todo este proceso tenía un coste elevado por los materiales y los aparatos que se necesitan, además de poder disponer de un espacio suficiente que se multiplicaba en función del tamaño final de las copias que querías hacer.

Reconozco que ese proceso me resultaba tedioso y que ha sido un descanso pasarme a la fotografía digital. No disfrutaba con la artesanía de la fotografía. Además mi economía también me lo agradece. Pero creo que podemos incluir en nuestro aprendizaje de la fotografía digital algunos elementos de la fotografía analógica que nos ayuden a corregir algunos hábitos negativos. Se trata de imponernos una serie de limitaciones que podíamos encontrarnos antiguamente.

7 consejos para evitar malos hábitos en el aprendizaje de la fotografía digital:

1.- Dispara una única imagen de cada tema.
Así aprendes a decidir cuál es el mejor encuadre y la mejor exposición.
2.- Si tienes uno, dispara con trípode.
Así reduces la cantidad de fotos que puedes hacer y el resultado será más satisfactorio.
3.- Pon el modo de enfoque en manual.
Eso te obligará a decidir qué plano de la imagen quieres enfocar.
4.- No mires el resultado en la pantalla de la cámara hasta que llegues a casa.
Ya aplicarás tu lado crítico luego, ahora mira y disfruta.
5.- No recortes la imagen en el ordenador.
Así aprendes a mirar con atención todo lo que incluyes en la foto.
6.- Trata la imagen en el ordenador para que sea lo más similar a lo que has visto, sin efectos.
Así tus fotografías no parecerán cromos.
7.- Haz una copia en papel de un tamaño mínimo de 30×40.
Así sabrás la calidad real de tus fotografías.

Entrevista a Sergio Larrain

Este texto pertenece a una entrevista que le hicieron a Sergio Larraín, fotógrafo chileno de la agencia Magnum, que prohibió que se hiciera ninguna exposición de sus fotografías mientras estuviera vivo. Fué discípulo de Oscar Ichazo y de Claudio Naranjo:
” Mis fotografías sólo hubieran sido un trabajo estético, un trabajo bien hecho, algo puramente bonito, si no hubiera hecho un trabajo interno. La fotografía es más que sólo un trabajo estético. Es una forma de expresión, es el resultado de tu mundo interno en composición con la luz. Ves ese jarro que está en la mesa? Ves cómo el rayo de luz que entra por la ventana rebota en la muralla iluminando la mitad de la flor? Esa es una imagen hermosa, una composición perfecta. Juntos hemos tomado una fotografía, hemos hecho el ejercicio fotográfico, sólo que no lo hemos registrado. Te das cuenta? Sigo tomando fotografías pero ahora sin registro. Pero existió el acto, el instante. No son necesarios los registros, recuerda que solo existe el aquí y ahora. Hay que liberarse de las imágenes, de todo tipo de imágenes: las de tu infancia, las de tu familia, las de ti mismo. Las imágenes te mantienen atrapado en el deseo, en el ego. Suelta todo y llegarás a la felicidad. Todo será bienvenido, y nada también.”

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