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La fotografía según Ramón Gaya

En referencia al fotógrafo Manuel Alvarez Bravo

El arte de la fotografía ¿no será simplemente el arte de ver, de saber ver? Sí, es sólo eso, nada menos que eso. Y llamo a la fotografía el arte de saber ver simplemente, no porque quiera rebajarla en su calidad de arte, sino porque quiero diferenciarla.

@ “Los obstáculos”. Manuel Álvarez Bravo, 1929

La fotografía no será nunca, no puede ser nunca un arte de creación, sino de observación. Es el arte de descubrir y no el de inventar o crear. Por eso la fotografía de estos últimos tiempos me parece adulterada, desviada, falsa. En los últimos quince años el fotógrafo ha estado creyendo que su misión era componer, agrupar, preparar asuntos y fotografiarlos después con toda esa maravillosa perfección técnica que hemos, eso sí, adquirido para siempre, pero hoy más que nunca nos damos cuenta de que todo aquello que en la fotografía ha sido compuesto, ha sido colocado, aparece en ella como sin vida, como vacío. No existe, pues, la fotografía de arte, sino en todo caso, como hemos empezado a decir aquí, el arte de la fotografía, o sea, el tino, el secreto de la fotografía, ya que si puede existir la fotografía de arte podría existir la fotografía preparada, amañada, calculada, pensada. Porque un pintor puede, cuando se dispone a pintar una naturaleza muerta, entregarse sin miedo alguno a la colocación artificiosa de los objetos que han de servirle de modelos: la verdad pictórica, que al igual que en el teatro la verdad teatral, es una mentira, se encarga de borrar su sensación de falsedad; pero si un fotógrafo quiere fotografiar esos mismos objetos que el pintor ha ido agrupando con tanto cuidado le resultará una fotografía muerta, inanimada. El fotógrafo no puede componer ni amañar, no puede idear, o mejor, no puede concebir, crear, ha de lograr una actitud pasiva, ha de ser un hombre que sabe esperar, que sabe mirar lo que sucede en torno. Todas las cosas –objetos y gentes- que un pintor ha de pintar a lo largo de su vida están ya desde un principio dentro de él, todos los retratos que un pintor se decide a pintar son retratos de personas que ya llevaba él dentro de sí, y las saca a la luz cuando coinciden con alguien exterior, con alguien que se ha tropezado en la vida exterior, es decir, el pintor cuando pinta no sólo ve cosas, sino que ve y escucha, o se escucha, y del buen enlace que haga de eso que está viendo en la realidad y de eso otro que está escuchando en lo profundo de sí mismo, depende que la obra de are se realice verdaderamente.

El fotógrafo, en cambio, ha de ser un hombre lleno de sorpresa ante las cosas, lo que retrate ha de estar viéndolo por primera vez, virginalmente. Yo diría que no hay más fotografía que la instantánea; o mejor, que toda buena y auténtica fotografía es, aunque para conseguirla se empleara el tiempo de “exposición”, una instantánea, una sorpresa, un hallazgo.

Ante Manuel Álvarez Bravo nos encontramos con un fotógrafo excepcional, excepcional porque teniendo como tiene talento no ha desviado su condición de fotógrafo, de fotógrafo fiel, auténtico, cierto.

Ramón Gaya, México, 1940

(Del blog ramongayablogspot.com)

Sin título

Me hubiera gustado hacer muchas otras fotos, esas fotos maravillosas que han hecho otros fotógrafos. Pero es inevitable que yo solo pueda hacer las mías. Esas fotos me necesitan para ser hechas y yo necesito hacerlas. Hemos tardado en encontrarnos. Cuando nos vimos nos alegramos. Hacía mucho tiempo que nos buscábamos. Yo miré en otros lugares y recorrí senderos que no eran los míos. Evidentemente ellas no estaban allí. Como estaba ciego no conseguía verlas. Las fotos esperaron pacientemente a que abriera los ojos y las reconociera.

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@Luis Ochandorena

La pasión por la fotografía

La pasión es contagiosa. Da igual el tema por el que la persona se sienta apasionada porque cuando habla de él transmite una fuerza que nos alimenta. Hemos de diferenciarlo de la obsesión aunque a veces transiten terrenos muy próximos. La obsesión se queda en el pensamiento recurrente. La pasión incluye el corazón y las tripas. La totalidad de la persona está involucrada.

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@ Luis Ochandorena

La pasión es el motor que hace que nos movamos por un camino que va atravesando etapas. No nos apasiona exactamente lo mismo cuando empezamos a andar que cuando llevamos un tiempo en ruta. Mi pasión es la fotografía desde que tenía 16 años y me quedaba fascinado con los folletos de las cámaras. Las etapas han sido muchas y variadas en estos cuarenta años: la pasión por los conocimientos técnicos, por el arte fotográfico, por la experiencia profesional y docente. Todo eso ha quedado atrás. Hace unos cuantos años que ese camino se ha encontrado con mi otra gran pasión, creo que incluso mayor que la fotográfica, la del conocimiento.

La fotografía puede ser una Vía de conocimiento. Cuando hablo de conocimiento no me refiero al saber intelectual que se aprende en los libros y en las univerdades sino al que se consigue con la experiencia. Podemos hacer un tratado enciclopédico sobre el sabor de la miel pero hasta que no la probemos no sabremos qué gusto tiene. Llamamos “Vía” a un recorrido que podemos realizar, y es “de conocimiento” porque ese camino nos puede llevar a conocer lo real. Chogyam Trungpa tiene una frase que dice que nosotros normalmente no vemos absolutamente nada. Nos llama ciegos perceptivos, no funcionales ya que no tropezamos con los muebles. Vemos pero no percibimos lo que vemos. Vivimos en una especie de zona gris porque nuestra atención, y por lo tanto nosotros, estamos atrapados casi permanentemente por nuestro diálogo interior.

La fotografía es una Vía (con mayúsculas) porque nos puede ayudar a salir de esa trampa a través de poner nuestra atención en aquello que percibimos con los ojos. No es algo que uno haga una vez y ya está sino que necesitamos un entrenamiento y una práctica para ir fortaleciendo ese “músculo” interno.

 

 

 

¿Porqué hacemos fotos?

ginkgo, 2013 Pilar Pequeño

@ Pilar Pequeño

“Los fotógrafos han llegado a ser fotógrafos porque disfrutan la misteriosa y a menudo irracional excitación de hacer fotografías.”                                                                                                                                                                                                              John Szarkowski

La actitud correcta

La actitud correcta que hemos de adoptar a la hora de salir a hacer fotos creativas no es exclusiva de la fotografía ni del arte en general. En realidad, la práctica de esta actitud podemos aplicarla a muchos otros aspectos de nuestra vida. Puedo sentirme creativo haciendo una tortilla o conduciendo el coche. Estar presente y no dejarme atrapar por la maraña de mis pensamientos es una buena práctica para todo.
Normalmente ponemos mucho esfuerzo en las cosas que realizamos. Creemos que sin empujar el carro las cosas no salen todo lo bien que tienen que salir. En muchas ocasiones ese sobreesfuerzo se convierte en una dificultad para llegar a la excelencia. Es estando presentes en aquello que hacemos cuando ponemos todas nuestras facultades y así logramos el mejor resultado que nos es posible con nuestros conocimientos y destrezas.
Podéis ver un ejemplo de la actitud correcta en este fragmento de la película “La leyenda de Bagger Vance” aplicada al arte del golf.

https://www.youtube.com/watch?v=Kidd1KpyHYY

Una fotografía no explica nada

Una fotografía no explica nada. No nos narra una historia. Para que haga esa función necesita un pie de foto que explique el suceso. Una misma imagen puede servir para ilustrar diferentes historias en diferentes momentos temporales solo cambiando el texto. La utilidad de la imagen en este contexto es aportar veracidad. La fotografía nos dice que eso que nos están explicando es verdad, aunque esa verdad esté siempre condicionada por las intenciones y la forma de ver el mundo del fotógrafo.

@ Sebastiao Salgado

Una fotografía se parece más a una poesía que a una novela. Su fuerza reside en la síntesis, en eliminar aquellos elementos que nos distraen del “mensaje”. El lenguaje que utiliza no son las palabras sino que nos habla a través de elementos visuales que nos producen ciertas sensaciones. Cuanto con más claridad puede provocar una experiencia en el espectador mejor es la fotografía. Ese nivel lo alcanza cuando la imagen se convierte en un símbolo.
En fotografía, el símbolo es invocado por alguna de las cualidades del objeto fotografiado. Por ejemplo, hacer una foto de una rama de olivo no nos conecta automáticamente con un símbolo de paz, aunque ésta sea la simbología clásica. En cambio una imagen de un lago que refleja las nubes con claridad porque el agua está en calma sí puede transmitir esa energía.

Sin palabras

La imagen es anterior a las palabras. No necesita de ellas para que tengan sentido. Por eso no encontrarás ninguna explicación sobre las fotografías. Qué pueden añadir las palabras a la imagen que no contenga ya?. No quiero condicionar tu experiencia cuando las observes.  Esa experiencia es visual y tiene que ver con la luz, el color y la forma que nos muestra la imagen en dos dimensiones. Ya no estamos viendo la realidad que refleja la foto sino que vemos cómo nos muestra esa realidad el fotógrafo. Al mostrarnos su foto nos señala qué porción, detalle o aspecto del mundo visual le ha llamado la atención y nos hace partícipes de ese hallazgo. Es como ver el mundo a través de sus ojos y de su corazón.

De la nueva web con mi obra personal.

www.luisochandorena.com

Sin palabras

La luz II

La luz tiene esa doble cualidad de ser material e inmaterial al mismo tiempo, como el arco iris que podemos ver pero que nunca podremos alcanzar. Es un elemento que no podemos tocar pero ella sí que nos toca a nosotros. Nos acaricia suavemente posándose sobre todos los objetos sin distinción, sin establecer ningún juicio de valor. Como todo fotógrafo que se precie, estoy enamorado de la luz. Ella lo transforma todo. Hace que algo insulso se vuelva interesante dependiendo de cómo esté iluminado. Si la luz es suave envuelve a los objetos y no produce grandes sombras. La imagen resultante será más descriptiva del tema que aparezca en ella. Si la luz es dura producirá fuertes sombras y el resultado será más dramático. Es una evidencia y, al mismo tiempo, una contradicción pero es la luz la que produce las sombras. Aquella parte de la escena que está iluminada tiene vida, destaca del resto de la imagen. Su color y su forma están vivos. En cambio, las zonas en sombra se ven aplanadas y parece que solo estén allí para tener un papel secundario, como si su función fuera mostrarnos por contraste los maravillosos efectos de la luz.

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Imogen Cunningham. Magnolia 1925

Sin la luz no existiría el color. Está completamente unida a él porque es su origen. Ya sabéis que el objeto absorbe el complementario del color que nosotros vemos. Si es una hoja verde quiere decir que absorbe la banda del magenta. Es así porque ella contiene todos los colores (cuando es una luz blanca). ¿Os imagináis ver el mundo en blanco y negro? Realmente la vida perdería mucho porque él nos aporta ese componente emocional sin el que todo parece más insulso. El color está asociado con las emociones. Utiliza un lenguaje directo que no pasa por nuestro pensamiento pero que afecta nuestro estado de ánimo. Estamos rojos de rabia o verdes de envidia. En sí mismo, el color constituye un símbolo que nos conecta con una clase de energía. Asociamos la espiritualidad con el color morado o la luz del sol con el amarillo, la naturaleza con el verde, y el cielo con el azul. En cambio el blanco y el negro se corresponden con la máxima luz y la ausencia total de luz pero en ninguno de los dos casos interviene el color. En los extremos la sutilidad del color y de los matices desaparece y nos quedamos ciegos.

La fotografía como alimento

Nunca había sido tan fácil y tan barato hacer fotografías como hoy en día. Este hecho nos lleva a hacer muchos disparos sin un motivo especial. Así la fotografía adquiere un carácter banal y anecdótico, vacío de contenido emocional. Esto hace que en estos momentos donde se hacen miles de millones de fotografías cada día es cuando más hambre visual tenemos.
Si ahora haces un ejercicio de memoria, ¿de cuántas de las muchísimas imágenes que has visto últimamente te acuerdas? ¿a cuántas de esas imágenes le has dedicado más allá de unos segundos de atención?.

Podemos comparar la fotografía con la comida. Existe una alimentación fast-food así como una fotografía fast-food. Es muy adictiva y enseguida te sacia. Consiste en grandes cantidades de un alimento que no alimenta y que, al poco tiempo, nos deja con más sensación de hambre. Al comerla, engullimos para calmar la ansiedad en lugar de saborear y disfrutar de la experiencia.
El vacío que queríamos tapar se vuelve así más evidente por lo que volvemos a por otra dosis.

140621LTambién existe una alimentación y una fotografía estética. Tiene una gran presentación con una imagen muy bonita que nos deja maravillados antes de comérnosla. Nos impacta con su promesa de que es algo especial y nos entra con mucha facilidad por los ojos. Está hecha por los especialistas que dominan unos medios técnicos cuya finalidad es impactarnos. Se rigen por unos patrones que son como prototipos de lo que todo el mundo considera como la belleza. ¡Qué foto más bonita!. Al cabo de poco tiempo de haberla visto ya no la recordamos porque no ha dejado huella en nosotros. Está vacía de contenido.

Por último está la gastronomía que es una experiencia de los sentidos. No la confundáis con el tipo de alimentación anterior. No sé da solo ante platos raros como “el aire de zanahoria” del Bulli. También la podemos experimentar con un buen cocido de la abuela. El amor que ha puesto el cocinero-fotógrafo en su elaboración nos lleva a poner nuestra atención en las sensaciones que tenemos cuando comemos ese plato o vemos esa foto. Cuanto más implicación ha tenido más difícil es que nos dediquemos solo a engullirlo. Así nos quedamos saciados y alimentados por esa comida o por esa imagen si le prestamos toda nuestra atención.

Acabo con una explicación que dio Ferrán Adriá en una entrevista cuando le pidieron que explicara qué es la gastronomía. Pidió que le llevaran una botella de agua y dijo: “Primero miramos el color del agua y vemos que es incolora. Luego olemos el agua y notamos que es inodora. Por último la probamos y notamos que es insípida”. ¿Cuántas veces hemos puesto nuestros cinco sentidos a la hora de beber un sencillo vaso de agua?