© Luis Ochandorena. De la serie Vestigios

 

Nunca había sido tan fácil y tan barato hacer fotografías como hoy en día. Este hecho nos lleva a hacer muchos disparos sin un motivo especial. Así la fotografía adquiere un carácter banal y anecdótico, vacío de contenido emocional. Esto hace que en estos momentos donde se hacen miles de millones de fotografías cada día es cuando más hambre visual tenemos.
Si ahora haces un ejercicio de memoria, ¿de cuántas de las muchísimas imágenes que has visto últimamente te acuerdas? ¿a cuántas de esas imágenes le has dedicado más allá de unos segundos de atención?.

Podemos comparar la fotografía con la comida. Existe una alimentación fast-food así como una fotografía fast-food. Es muy adictiva y enseguida te sacia. Consiste en grandes cantidades de un alimento que no alimenta y que, al poco tiempo, nos deja con más sensación de hambre. Al comerla, engullimos para calmar la ansiedad en lugar de saborear y disfrutar de la experiencia.
El vacío que queríamos tapar se vuelve así más evidente por lo que volvemos a por otra dosis.

También existe una alimentación y una fotografía estética. Tiene una gran presentación con una imagen muy bonita que nos deja maravillados antes de comérnosla. Nos impacta con su promesa de que es algo especial y nos entra con mucha facilidad por los ojos. Está hecha por los especialistas que dominan unos medios técnicos cuya finalidad es impactarnos. Se rigen por unos patrones que son como prototipos de lo que todo el mundo considera como la belleza. ¡Qué foto más bonita!. Al cabo de poco tiempo de haberla visto ya no la recordamos porque no ha dejado huella en nosotros. Está vacía de contenido.

Por último está la gastronomía que es una experiencia de los sentidos. No la confundáis con el tipo de alimentación anterior. No sé da solo ante platos raros como “el aire de zanahoria” del Bulli. También la podemos experimentar con un buen cocido de la abuela. El amor que ha puesto el cocinero-fotógrafo en su elaboración nos lleva a poner nuestra atención en las sensaciones que tenemos cuando comemos ese plato o vemos esa foto. Cuanto más implicación ha tenido más difícil es que nos dediquemos solo a engullirlo. Así nos quedamos saciados y alimentados por esa comida o por esa imagen si le prestamos toda nuestra atención.

Acabo con una explicación que dio Ferrán Adriá en una entrevista cuando le pidieron que explicara qué es la gastronomía. Pidió que le llevaran una botella de agua y dijo: «Primero miramos el color del agua y vemos que es incolora. Luego olemos el agua y notamos que es inodora. Por último la probamos y notamos que es insípida». ¿Cuántas veces hemos puesto nuestros cinco sentidos a la hora de beber un sencillo vaso de agua?