La atención y la motivación

La atención

Si nos detenemos un momento nos damos cuenta de que estamos en un constante diálogo con nosotros mismos. Ese monólogo es muy difícil de parar o de reducir su intensidad. Podemos utilizar la fotografía como un medio para encontrar un poco de calma interior. El secreto está en la atención. Allí donde centro mi atención estará mi mente. Si la centro en mi discurso interno mi mente se verá arrastrada e irá saltando de un pensamiento a otro, pero si la pongo en mi mirada, en lo que ven mis ojos, poco a poco me iré centrando en mi presente. Este es el uso meditativo de la fotografía.

Cuando salimos a hacer fotos, vamos con la mente llena de de pensamientos que nos dicen cómo ha de ser una buena fotografía y eso hace que busquemos en la realidad esa imagen que tenemos en nuestra cabeza. Estamos llenos de trastos, llenos de juicios, crítica, bonito o feo, y así no hay espacio para lo nuevo, para la sorpresa. Ya tenemos la foto hecha. Solo buscamos que la realidad se amolde a nuestro pensamiento y nos frustramos si no lo conseguimos. Luego miramos nuestras fotos y nos damos cuenta de que son estereotipos de nuestra mente crítica, son solo el reflejo de nuestra inseguridad.

La falsa motivación

Funcionamos así cuando nos importa más el resultado que el proceso. Buscamos impresionar a los que vean nuestras fotos, que se queden fascinados por la técnica que hemos usado, que nos digan que somos originales. Complicamos la realización de la fotografía cuando es algo muy simple. De esta manera nos traicionamos a nosotros mismos, nos vendemos por un poco de vanidad y eso hace que nos quedemos insatisfechos.

En otras ocasiones acertamos sin saber muy bien cómo. Todo el proceso que hemos seguido ese día ha culminado en un momento especial cuando hemos hecho esa foto en concreto. No sabemos qué ha pasado porque no está bajo nuestro control. Son momentos que cuanto más los buscamos más se escapan. Si nos ha pasado fotografiando un árbol, los próximos días haremos fotos de árboles hasta el aburrimiento buscando que ese momento se repita. Ese momento es único.

Ha sido así porque nuestro discurso se ha parado por un momento ya que se ha quedado fascinado delante de algún aspecto de la realidad visible. Este estado, aunque sea muy breve, es el que andamos buscando porque nos alimenta muy profundamente. Nosotros solo podemos practicar poniéndonos en ese estado receptivo. Ese es nuestro verdadero acto creativo. Para ello usamos la fotografía como una meditación en acción.